Nuestros Resultados




En Andenes 7 de cada 10 pacientes nuestros tienen una recuperación total.



En andenes tenemos un 75% de pacientes rehabilitados.



En 4 semanas con el método Andenes se tiene una recuperación total.

El centro de tratamiento Andenes es sumamente confiable y seguro debido a los grandes resultados obtenidos en la recuperación de personas con problemas de adicción y de descontrol con las emociones o comportamientos.

El modelo de recuperación en Andenes, que desde sus inicios en el año 2000 ha demostrado una tendencia continua a incrementar los índices de recuperación, llega en la actualidad a ser el único tratamiento con un 75% de pacientes recuperados.

Andenes tiene el conocimiento y la experiencia para tratar personas a partir de 14 años de edad en adelante. En nuestros pacientes jóvenes la recuperación se acerca al 100%, cuando los padres y la familia directa participan y se involucran activamente durante todo el primer año de recuperación.

En la siguiente sección presentamos diferentes estadísticas y testimonios que confirman la eficiencia y capacidad de nuestro tratamiento. Tómese su tiempo en leer y apreciar los datos para saber y comprobar la calidad del excelente tratamiento Andenes.

En el gráfico 1 podemos apreciar un índice de recuperación del 75% de nuestros pacientes tratados. Gracias a nuestras estadísticas vemos la eficacia del método Andenes en la recuperación de las personas con cualquier tipo de adicción.

Vemos claramente la superioridad del tratamiento Andenes por encima de los otros, ya que en nuestro tratamiento alcanzamos un 75%de recuperación a diferencia de los otros centros.

Podemos apreciar el avance de la recuperación con el método Andenes. Nuestros pacientes alcanzan una recuperación en 28 días, mientras que en otros centros se obtiene un avance menor posterior al tratamiento.

Si tienes alguna pregunta adicional acerca de cómo el tratamiento Andenes puede vencer las adicciones, entra a nuestra página de contáctenos, y envíanos un mensaje en línea, el cual uno de nuestros profesionales responderá de manera inmediata, teniendo en cuenta una total discreción en el asunto.


Testimonios

Nos perfilamos como uno de los centros más innovadores y modernos de la región.

Lea algunos de los testimonios de pacientes que explican como superaron su problema de dependencia al alcohol u otras drogas y comportamientos compulsivos gracias a la ayuda brindada por este centro de tratamiento.

Testimonio de Verónica *

Antes de conocer Andenes tuve muchos años de sufrimiento por diversas Adicciones. Yo era adicta a varias drogas (principalmente la Ketamina), sufría de depresión y había tenido ya varios intentos de suicidio. Durante diez años intenté controlar mis adicciones con psiquiatras y psicólogas, quienes me diagnosticaron Borderline y Depresiva, y lo único que conseguí fue tener una nueva adicción: pastillas de diversos tipos.  También pase 15 meses en  una Comunidad Terapéutica, y varios periodos en Hospitales Psiquiátricos (todo contra mi voluntad) pero ninguno realmente me ayudo. Me hubiera encantado entrar a Andenes más joven, y ahorrarme tanto sufrimiento. Ahora tengo una buena relación con mi familia, tengo buenos amigos y puedo desenvolverme bien en el trabajo. El tratamiento realmente funciona y el personal es súper buena onda.  Lo recomiendo al 100%.

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre en reserva.

Testimonio de María Del Carmen *

Me llamo María del Carmen y soy alcohólica, adicta a la cocaína, marihuana y emociones. He consumido por 45 años.

Empecé a los 16 años tomando con mis amigas del colegio. Luego probé la marihuana, y después llegó la cocaína, con la que me enganché.  El consumo fue progresivo hasta que se convirtió en descontrolado. Me casé con alguien que también consumía, y lo hacíamos juntos, aunque yo en mayores dosis.

Pasé por un tratamiento con un psiquiatra muy renombrado que me recetó pastillas prohibidas en U. S. A. que me causaron una neuritis (inflamación a los nervios periféricos) muy grave. Luego estuve internada en el hospital Larco Herrera porque seguía consumiendo. También estuve en una comunidad por varios meses donde me volví adicta a las pastillas, e incluso tuve que usar pañal. Mi vida era un desastre, con mis hijas, con mi esposo y con mis nietos.

Finalmente llegué a Andenes y gracias al doctor Felipe Koechlin en 3 semanas dejé las pastillas y los pañales. Gracias a la ayuda de Andenes pude rehacer mi vida, y ahora soy una mujer feliz con mis hijas, mis nietos, y mi esposo está siguiendo un programa de recuperación.

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre en reserva.

Testimonio de Néstor *

Llegué a Andenes por sugerencia de un Psiquiatra.

Para mí era difícil aceptar que mi hija fuera alcohólica, “no tomaba sino de vez en cuando”, “se porta bien” y como estas, muchas excusas para no afrontar la realidad. Había empezado a tomar desde los 13 años y ya había perdido su carrera de danza, su carrera de diseño y la frustración había cambiado su carácter.

Al principio dude del programa, había escuchado tanto que una propuesta tan diferente me hacia vacilar. Empezó el programa y si bien desde el principio me enganche en él, mi hija no y poco tiempo después lo abandonó a pesar que me opuse rotundamente. Ella quería manejar el programa a su antojo y sabíamos que así no iba a caminar. De la familia nadie más quiso participar y en solitario acudí sin falta durante más de año y medio. Conocí familias golpeadas pero con carácter y muchas ganas de apoyarme, muchas veces flaqueaba pero dentro de mí algo me decía “tienes que estar listo para cuando tu hija te necesite”. Ella paso por sicólogos y siquiatras a pesar que ya habían fallado en oportunidades anteriores. Recayó varias veces hasta que al final le dijeron que tenía que internarse en una comunidad terapéutica, eso fue terrible, lo comento en el grupo y no falto una mano amiga que me dijo “confía en tu poder superior, estás haciendo las cosas bien y no te va a dejar”. Al día siguiente me entere que mi hija se rendía ante su enfermedad y se ponía en manos de su poder superior. Mientras tanto había recaído y estaba perdiendo su carrera de fotografía. Hable con ella y le puse condiciones, tenía que cumplir humildemente con el programa, obedecería las indicaciones de los profesionales y no se haría otra cosa que lo que indicaran. Con mucha paciencia la recogía para llevarla a Andenes todas las mañanas y aprovechaba para hablar con ella pero a su ritmo, nunca forcé conversación o comentario alguno.

Poco a poco se engancho al programa en Andenes y las cosas fueron mejorando. De acuerdo con sus tutores fue reincorporándose primero al gimnasio, luego a la escuela de fotografía, su relación conmigo mejora notablemente y me pidió mudarse a mi departamento, converse con Felipe y me dijo que era lo mejor para ella pues estaría más tranquila con alguien que tenía el programa presente siempre. Al principio dude, había tenido muchos enfrentamientos con ella, pero el tiempo me llevo a descubrir cuanto había cambiado. Veía una mujer madura en sus afectos, en sus emociones, constante en su gimnasio y su escuela, comenzaron a llegar sus notas y eso fue la cereza en el helado. Mi hija estaba recuperando su vida. Esa vida que había sido arrancada por el alcohol y que había consumido casi 7 años de su vida ponie ndo en riesgo su salud y su carrera.

Hoy puedo decir orgulloso que mi hija está en camino de recuperación, no tengo más que agradecer a Dios (mi poder superior) al personal de Andenes (maravillosos) y a mis amigos del grupo que aunque van rotando siempre nos mueve el afán de superarnos y sacar adelante a nuestros pacientes.

Otra de las cosas a agradecer es la forma en que yo también he cambiado. Pensé que mi hija era la enferma, pero yo también lo estaba. Era enfermo de emociones con tendencia a la depresión.

Con la terapia recibida me di cuenta y pude dejar los antidepresivos, pude anteponer la reflexión a los pensamientos errados que me llevaban a deprimirme, hoy me siento mejor persona y si bien me falta mucho pienso que cada vez es menos, confío en mi y en mis semejantes y a pesar que llevo casi tres años en Andenes siempre habrá cosas que aprender y experiencias que valorar y compartir.

Gracias Andenes. Gracias Felipe, José, María luisa, Diana, Jorge, Eliana y a todos los que hicieron posible el recuperar a mi hija.

Que Dios los bendiga

Nestor

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre en reserva.

Testimonio de Gladys *

Hola soy Gladys jugadora compulsiva. Yo hasta los 48 años de edad creía que en mi vida todo iba bien inclusive iba a los casinos y no jugaba, no fumaba, tomaba poco, y era una mujer  hogareña y trabajadora. De pronto entré a un casino sola, y comencé a jugar. Empecé a jugar para distraerme, para llenar mis días. Iba al casino aunque ni siquiera me gustaba. Lo más irónico es que al principio era yo la que les prestaba plata a mis amigas, me sentaba y miraba como jugaban.

Después empecé a ir sola, el tiempo se me pasaba volando. Me desconectaba de todo y sentía que me estaba regalando una distracción que me merecía. El ludópata no va al casino a ganar. Cuando gana sigue jugando hasta perder y cuando pierde  sigue jugando para recuperar.

Entrar al casino era como llegar a la meta. Decía que estaba en misa, que me iba a rezar el rosario, que estaba con alguna amiga. Descuidé a mi esposo, a mis hijos y a lo más preciado que me había regalado la vida: mi nieto. Salía del casino con el alma en el suelo y los bolsillos vacíos. Llegaba a mi casa avergonzada y me tomaba hasta 20 pastillas de clonazepan.

Me olvidaba de recoger a mi nieto en el colegio, se quedaba llorando esperándome. Inventaba que me habían asaltado con pistola. Decía que necesitaba comprar medicamentos para mi madre enferma. Vendí mi carro. Pedía plata prestada. Me endeudaba con tiendas comerciales.

Cuando sentí que había tocado fondo porque no tenía ni un centavo, le confesé a mi esposo  que era jugadora. En 4 años había dilapidado los ahorros de 35 años de nuestra vida. Yo era la que manejaba la economía del hogar así que él no podía sospechar que, en esos años de inconsciencia, había conseguido dejar a mi familia en la total bancarrota. Me jugué todo nuestro dinero. Mi hija tuvo que empezar a pagar nuestras deudas y  a mantenernos. Perdí la confianza y el respeto de todos mis seres queridos. 

Después de haber pasado por muchos tratamientos psiquiátricos, psicológicos, y comunidades, gracias a Dios pude llegar a Andenes, dónde pude recién entender qué es lo que me estaba pasando. Aquí cambió mi vida y ahora estoy aprendiendo a vivir diferente, a ver la vida de otra manera, y a vivir sin apegos
.

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre en reserva.

Testimonio de Eduardo *

Aquí presentamos el testimonio de Eduardo quien gracias al tratamiento en Andenes pudo superar el problema de adicción de manera rápida y efectiva.

"Soy el ejemplo perfecto para aseverar que el alcoholismo es una enfermedad progresiva. Mi carrera alcohólica empezó a los 16 años. Aparte de sentir placer al tomarme unos tragos me di cuenta que el efecto que me producía el alcohol era muy grato al sentirme menos tímido y con más valor para todo.

Fui un buen estudiante tanto en el colegio como en la universidad terminando mi carrera de Ingeniería a los 21 años. Me casé y tengo 3 hijos. Trabajé en una compañía en la que llegué tener a mi cargo alrededor de 600 personas, siendo una persona de éxito profesional y de buena situación económica.

Sin embargo, a partir de los 35 años deje de ser un bebedor social para convertirme, sin darme cuenta, en una persona que todo lo hacía pensando en función del alcohol, llegando a consumirlo prácticamente todo los días al llegar a la casa después del trabajo.

Posteriormente cuando estuve trabajando en un negocio familiar y después en uno propio ya mi consumo empezaba con el jugo de la mañana y terminaba con el traguito de las buenas noches habiendo consumido durante la jornada entre 1 a 2 botellas de pisco, ron o whisky. Al llegar a ese extremo se convirtió mi vida en un sufrimiento ya que no podía dejar de consumir así lo quisiera viéndome atrapado en las garras del alcohol.

Mi esposa, a la que había vuelto codependiente, al ser el alcoholismo como un huracán que arrasa a todos los que viven junto al alcohólico, venia asistiendo a su grupo de Al-anon (grupo de codependientes) me insistía a que fuera a una reunión de alcohólicos anónimos.

Asistí y me gustó. Fui unas cuantas veces pero después mi padre enfermó y deje de ir; no había tocado fondo. Al poco tiempo el falleció y comencé a beber. Fueron 45 días de espanto, parecía que me quería autodestruir hasta que un día estando con mi hermano le dije: "Estoy harto de esto, quiero cambiar" hicimos las coordinaciones con el director medico del centro de tratamiento Andenes y esa misma noche inicie mi programa de recuperación.

Para mí esos 28 días fueron como un curso intensivo de especialización para LA VIDA. Hoy tengo paz y serenidad. He recuperado el cariño de mis seres queridos. Me he incorporado nuevamente a la especie humana. Creo que soy una mejor persona practicando los principios que me enseñaron en Andenes y no dejo de asistir a mis reuniones de consejería grupal y a los grupos de apoyo."

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre completo en reserva.


Testimonio de Anita *

"Tengo 57 años y esta semana cumplo un año de sobriedad (febrero del 2006). Empecé a tomar alcohol a los 15, en mi familia todos toman alcohol y algunos son bebedores fuertes, pero ninguno tanto como yo.

Hace 10 años la situación era ya bastante mala, me puse totalmente intolerable y me internaron en una clínica para mi desintoxicación. Pasé 45 días internada, me trataba con un psiquiatra experto en alcoholismo. No funcionó. Fue en ese momento que me di cuenta de que mis hijos estaban sufriendo por lo que decidimos hacer terapia de grupo. Creo que en algo les sirvió, los vi desahogarse. En realidad a mi no me llegaba su dolor, ahora me doy cuenta que nada me importaba, sólo quería seguir tomando. Era extraño, porque me daba cuenta del daño que hacía a mi alrededor, pero al mismo tiempo no tomaba la resolución de parar, quería pero no podía.

Iba a reuniones de Alcohólicos Anónimos, y leía la literatura, pero no entendía nada, así que yo seguía con mi vida. Me vio uno de los mejores psiquiatras al que tengo mucho que agradecerle. Él tenía mucha paciencia conmigo y me entendía mejor que los otros. Me detectó depresión y me alivió de ésta. Luego tuve una recaída bien mala con el alcohol y terminé interna en otra clínica. Habían esquizofrénicos, que gritaban a cualquier hora, pero he de reconocer que con enfermeras con mucha calidad humana. Mi doctor me dijo que solamente saldría de ahí si me iba a Andenes, que él pensaba que ese era el tratamiento que me haría bien.

Vino el director médico a verme nuevamente, y yo aceptaba cualquier cosa con tal de salir de la clínica. En realidad yo ya no creía mucho en ninguna solución a mi problema. Ni siquiera mi marido creía en mi recuperación, y esta vez ya estaba harto de cargar con el lastre que era yo en ese momento.

Ingresé en Febrero del 2005, justo hace un año. Empecé con los cursos, los pasos, las reuniones con el Dr. Felipe Koechlin, nos explicaban como era esta enfermedad. Enfermedad, nunca ninguno en mi familia vio mi alcoholismo como tal, lo veíamos sólo como un vicio vergonzoso. Estuve 2 meses, menos tiempo en mi caso hubiera sido imposible.

Y hasta ahora no puedo creer cómo esos meses cambiaron mi vida por completo. Cuando acabaron los 2 meses había por supuesto una total desconfianza de cómo seguiría después. Seguí muy bien, fuerte, recuperando la persona que era antes. Mis hermanos y cuñados me "redescubrieron", según ellos, pero ellos todavía están un poco al susto si estoy triste o demasiado alegre. Pero, lo más importante para mí, mi marido e hijos, que finalmente son los que más sufrieron, sí se dan cuenta de mi cambio y están contentos y confiados en esta nueva persona que soy yo.

En Andenes me enseñaron, además de un programa de vida, que tenía amigos a quien acudir, herramientas, y que debía de recurrir a ellos cuando estuviese en problemas. Eso me dio y me da mucha seguridad. Voy a mi grupo periódicamente, he estado fallando últimamente, por trabajo, pero no dejo de leer y sobretodo hacer mis reflexiones díarias, rezando y agradeciendo varias veces al día por todo lo que en este último año Dios me ha dado. Estaré eternamente agradecida con todos los que me ayudaron en este proceso, sólo un alcohólico sabe cómo se sufre estando en ese estado y/o recayendo. Sé que sólo por estas 24 horas, pero veo el futuro con confianza. La he pasado tan mal, que tendría que ser demasiado bruta para perder todo lo logrado, además de que la felicidad interior que llevo conmigo no la cambio por nada."

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre en reserva.


Testimonio de Edwin *

"Tengo 41 años y esta semana cumplo un año de sobriedad (febrero del 2006). Empecé a tomar alcohol a los 15, en mi familia todos toman alcohol y algunos son bebedores fuertes, pero ninguno tanto como yo.

Después de terminar mis estudios e ingresar a trabajar en una empresa de la familia ya había aprendido a nadar en alcohol.

Fue cuando me casé y luego de tener mi primera hija, comencé a tomar licor en cantidades industriales. El desayuno tenía que ir con alcohol; el almuerzo, también; el lonche, igual; la cena, de la misma manera. Hasta llegaba a mi casa en la noche y me tomaba un whisky solo. Mi situación se hizo más oscura cuando combinaba el licor con el blanco polvo de la cocaína.

El 23 de septiembre último se inició una nueva primavera en mi vida. Ese día empezó mi tratamiento con un método que el doctor Felipe Koechlin por primera vez estaba aplicando en el Perú mediante su centro Andenes: el modelo Minnesota que sólo dura de 28 días seguidos de terapia.

Allí tomé la decisión de iniciar el tratamiento. Los primeros cinco días me internaron en una clínica sólo para desintoxicarme. Luego, mediante una serie de sesiones con un grupo de terapeutas, logré aceptar que tenía una enfermedad: el alcoholismo. Pero otro punto importante es que conocí por qué sufría de esa enfermedad para no volver a caer en la adicción, además que mi esposa y mis hijos participaron activamente en mi recuperación.

Ahora sé que volver a besar un vaso con licor me podría causar una recaída. Confieso que los amigos con los que antes tomaba ya no me buscan quizá porque ya no les pongo el trago. Pero ahora me doy cuenta que tengo una mejor vida y más cariño de mi esposa e hijos.

* La persona que hizo este testimonio prefiere mantener su nombre completo en reserva.


El centro de tratamiento Andenes es el más eficaz y confiable hoy en día en el Perú; así lo confirman las estadísticas y testimonios que nos resguardan. Pero si aún tiene inquietudes o preguntas, no dude en comunicarse son nosotros.

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